“DADME UN DIENTE E IDENTIFICARÉ A LA PERSONA”

Identificar a una persona, establecer su identidad, es determinar aquellos rasgos o conjunto de cualidades que la distinguen de todos los demás y hacen que sea ella misma. Nacemos con una identidad y tenemos derecho a morir con ella.

La aplicación de los conocimientos de estomatología ha demostrado ser de gran utilidad en la identificación de cadáveres. El estudio de los dientes ha tenido una especial importancia dentro del ámbito de las ciencias forenses. Este hecho es debido a una serie de características específicas del aparato estomatognático, y en especial de los dientes.

En un primer momento, eran de gran utilidad por sus características únicas y propias de cada persona, ya sea por su forma, por el número de piezas ausentes, rotas o careadas o por prótesis fijas o removibles;

Clinica Dental Madrid 1

El primer caso recogido es la identificación de la cabeza de Lolia Paulina por Agripina. Ante el deterioro de sus rasgos debido a la violencia de su muerte y al paso de los días, la existencia de un incisivo roto confirmó a la inductora del crimen la identidad y su víctima. Aunque en ocasiones también hay errores como el resonado caso de Martita Ofelia Stut, cuando en un horno de cal encontraron piezas dentarias de morfología iguales a los de los humanos, siendo de un carnero.

Puesto que las piezas dentarias del hombre y de algunos animales, son en ocasiones tan similares que se los puede confundir,  nace la imperiosa necesidad de que el odontólogo forense conozca profundamente la morfología dentaria normal y patológica. Algunos autores dijeron “Dadme un diente y te identificaré a la persona”, otros van más allá como Vicente Bloise quien nos dice “Dadme un pedazo de un diente y te identificaré a la persona”.

Existen otros muchos casos, aunque mención especial merece la identificación de Joseph Warren por su dentista (Paul Revere) basándose en una prótesis dental que éste le había realizado. Sin duda, la odontología forense moderna comienza en 1898 con el libro L´art dentaire en médec légale, de Óscar Amoedo. Este libro se basa en los trabajos de identificación que algunos de los más prestigiosos dentistas de París realizaron a raíz del incendio del Bazar de la Caridad en 1897.

A partir de esa época, los trabajos sobre odontología forense se multiplicaron en todo el mundo hasta situar a esta disciplina en un lugar primordial dentro de las ciencias forenses. Con el avance de la ciencia y el descubrimiento del ADN, los dientes alcanzaron mayor protagonismo e importancia en este terreno. Además de la importancia que las piezas dentarias tienen por su morfología y colocación en la odontología forense, poseen otra peculiaridad que los hace importantes: la posibilidad de obtener material genético preservado. El ADN se deteriora y contamina con el paso del tiempo, la actuación de agentes externos y la manipulación. La fuente excelente de material genético es la pulpa dentaria ya que la propia estructura del diente, dentro de unos límites, contribuye a su conservación.

Cuando hay víctimas mortales como resultado de un desastre, la identificación de los cadáveres, adquiere un papel relevante. El frecuentemente elevado número de fallecidos y el estado en que suelen encontrarse sus cuerpos (mutilados, carbonizados, esqueletizados, putrefactos, etc.), provocan un gran impacto así como dificultades para la identificación de las víctimas. Una situación particular se presenta cuando ocurre la variedad posiblemente más universal y frecuente, el desastre aéreo, donde a lo anterior comúnmente hay que añadir la presencia de cadáveres de individuos de diferentes ciudadanías.

Es importante destacar la gran resistencia  de los dientes y estructuras óseas que los contienen, al efecto de agentes externos y del tiempo. Los dientes son las estructuras más resistentes del organismo. Ello se debe, por un lado, a sus características histológicas ya que el esmalte y la dentina son, por ese orden, los tejidos con mayor contenido mineral del organismo, y por tanto los más duros. Otro factor que contribuye a su conservación es la protección ofrecida por los tejidos blandos peridentarios (labios, carrillos, lengua, etc.)  y que además, están inmersos en un medio húmedo. Los tejidos blandos amortiguan las agresiones mecánicas, y el medio húmedo, la saliva, amortigua el efecto del fuego (en especial cuando, como suele ser habitual, actúa de forma intensa y corta). Prueba de la gran resistencia de estas estructuras es que cuando aumenta la antigüedad de la muestra (restos paleontológicos o prehistóricos) o cuando ésta ha sufrido el efecto de agentes externos (como el fuego), la proporción e importancia de los restos dentarios aumenta. En contraposición, una de las características biológicas clásicas en identificación, las huellas dactilares, se pierden rápidamente por la acción de agentes externos o el inicio de los fenómenos de putrefacción.

La utilización de los dientes como forma de confirmar la identidad de un sujeto ha sido muy frecuente a lo largo de la historia por el alto grado de individualidad. Los investigadores han demostrado que se puede reconocer un cuerpo por su patrón dental con tanta fiabilidad como el ADN. Los dientes y los maxilares son estructuras capaces de diferenciar a un individuo de otros. El patrón oclusal (la mordida), la forma dentaria y la colocación de los dientes en la arcada tienen un patrón lo suficientemente individual para permitir identificar a un sujeto. Los signos dentarios son otros de los elementos que manejamos los odontólogos a través de las huellas que dejan en los dientes por hábitos, costumbres, como los fumadores de pipa, las costureras que cortan el hilo con los dientes, los zapateros y tapiceros de antaño que ponían las tachuelas en su boca, los panaderos porque se les va acumulando en la parte gingival de los dientes restos de harina, lo mismo sucede con los carboneros y los azucareros, que dan lugar por circunstancias especiales a las caries gingivales. Si a ello le añadimos los posibles trabajos odontológicos existentes (en especial empastes, endodoncias y prótesis) y otros rasgos adquiridos como fracturas dentarias previas, las posibilidades de identificación aumentan exponencialmente. Estas características de las que hablamos, son útiles siempre que podamos disponer de registros previos que nos permitan comparar los datos antemortem con los datos postmorten.

Lo habitual en las poblaciones de nuestro entorno sociocultural es que la mayoría de los individuos hayan pasado por clínicas dentales y que por tanto dispongan de su ficha dental y su registro de radiografías, fotografías y/o modelos de escayola, los cuales ayudarían e incluso apoyarían a la identificación de cadáveres o culpables ya que los odontólogos forenses no sólo trabajan con cadáveres. El estudio de la marca de una mordedura o la antigüedad de una fractura dentaria o su forma, el estudio de las huellas labiales (queiloscopia) y la recogida de muestras como la saliva o tejidos  permiten realizar estudios biológicos o determinar tóxicos que puedan ayudar a determinar quién fue el autor de una agresión y la forma en la que actuó.

En comparación con otras metodologías utilizadas en identificación (estudio de marcadores biológicos, estudios genéticos, etc.), los medios materiales necesarios para realizar un estudio de investigación dental son fáciles de obtener. Además los resultados son muy rápidos en comparación con estudios que requieren técnicas de laboratorio. Este hecho constituye una ventaja fundamental cuando existe gran premura en la identificación (o al menos en la asignación provisional de la misma) como ocurre en las catástrofes de masas.

Por último, para corroborar o en caso de no poder emplear lo anterior por destrucción o gran deterioro de piezas dentarias, ni restos óseos, tenemos la posibilidad de obtener material genético bien conservado.

Los dientes, además de la importancia que su forma y colocación tienen en la odontología forense, poseen otra peculiaridad como comentaba al principio que los hace importantes: la posibilidad de obtener material genético de la pulpa dentaria ya que la propia estructura del diente se comporta como una pequeña caja fuerte protegiendo nuestro ADN. Aunque debemos considerar que es una protección física con un límite. Dependiendo del objeto del estudio y del agente causante, esta protección nos puede ser insuficiente ya que en el caso del calor, el ADN se destruye a 300º. En este caso, los estudios también serían comparativos. Con el genoma (información genética) deberíamos de comparar con familiares de primer grado, como si de una prueba de paternidad se tratara.

Ya sabíamos que los nuestra salud dental nos hacía disfrutar de una mayor calidad de vida. Disfrutamos de buenas comidas que podemos elegir y disfrutar con una mejor digestión, prevenidos de algunas enfermedades coronarias, musculares y ligamentosas, que nos hacen ser felices mostrando nuestra mayor de las sonrisas sin timidez alguna. Ahora, añadimos algo más a la importancia de mantener nuestras piezas en boca, ellas pueden ser la clave.

Dra. Lola Terrés Puebla

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