Los Secretos de la Sonrisa

Somos el único animal con capacidad de comunicación oral, eso ha hecho que el leguaje corporal pase a un segundo plano, pero al fin y al cabo la expresión facial, nuestra cara como se suele decir, es el espejo del alma. Con ella somos capaces de transmitir nuestras emociones o intenciones con varios matices que no están al alcance del resto de los animales.

De este “idioma facial” resalta por exclusividad, la sonrisa. EL HOMBRE ES EL UNICO ANIMAL CAPAZ DE SONREIR. Podría considerarse que los perros sonríen moviendo el rabo pero con la boca sólo sonreímos nosotros y tal vez lo más singular sea que para la mayoría de los animales, mostrar los dientes es un signo de amenaza mientras que en la especie humana el contenido de esta expresión es precisamente el opuesto. La sonrisa es el gesto amistoso por excelencia además de un excelente medio de relación, ya que al ver a alguien que nos sonríe entendemos que manifiesta ser una persona simpática y amigable.

Hay dos tipos de sonrisa; la sonrisa verdadera, abierta, que muestra los dientes ofreciendo una sonrisa más espontánea y sincera y la sonrisa que los oculta, manteniendo los labios cerrados mientras tensa sus comisuras hacia atrás y hacia arriba. Esta última llamada sonrisa labial es una sonrisa a medio camino, contenida menos efusiva.

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Los dientes dicen mucho sobre uno, incluso más que nuestra marca de ropa o de coche preferida. Los expertos en imagen personal, señalan que una sonrisa agradable está asociada a buena calidad de vida, salud física y éxito profesional. Por eso, los tratamientos integrales de salud y estética dental están al alza y de ahí que las carillas, los blanqueamiento y las coronas de porcelana se encuentren entre los tratamientos de moda y más solicitados.

El buen aspecto exterior tiene que ver con la autoestima. Hay gente fea a la que no le importa serlo y gente que vive permanentemente amargada por la menor imperfección que pueda verse en un espejo. Hay, en definitiva, gente que se gusta y gente que no se gusta, y el que no se gusta no tiene más que dos salidas: o acude a un psiquiatra para que le enseñe a aceptarse como es o acude a un experto en estética para que le deje como le gustaría ser.

Lo que ocurre en la odontología estética es que es una moda relativamente reciente, que no se ha tratado en las facultades hasta hace muy poco tiempo, y aun así, más veces en cursos de máster y postgrado, aunque a mí personalmente me parece que odontología y estética van de la mano. En consecuencia, sólo los dentistas de “menor edad” han tenido acceso a una formación específica en este campo.

Otra característica exclusiva del hombre es la expresión artística y resulta curioso observar lo poco que la manifestación de la felicidad humana; la sonrisa, ha sido representada en el arte. Hasta el siglo XX es excepcional ver los dientes expuestos en un cuadro y, cuando se ven, se trata de dientes feos o de expresiones de dolor, ira o muerte. Uno de los criterios más extendidos para explicar esta circunstancia es que los cuidados bucales no se desarrollan en extensión hasta el siglo XX, la sonrisa en tiempos anteriores tendería a descubrir dientes feos, cariados, apiñados, sucios y con la consiguiente pérdida de atractivo. Se ha especulado mucho sobre lo que puede ocultar la sonrisa de la Gioconda.

La sonrisa ideal

Tal vez Leonardo evitó tener que pintar una dentadura impresentable. No hay que olvidar que era un retrato de encargo y se hacía necesario sacar favorecida a la modelo para dar gusto a su marido, Francesco de Giocondo, que era el que pagaba.

Hoy en día parece más verosímil el punto de vista opuesto. Pintar dientes feos, con manchas negras marrones o grisáceas es fácil, pero lograr los delicadísimos matices de blancura y transparencia que caracterizan a unos dientes bonitos es algo casi imposible. Es probablemente, ésta la razón que llevaba a los artistas a huir de la tentación de

representarlos. Según esta escuela de pensamiento, Leonardo no pintó los dientes de Mona Lisa porque no se sentía capaz de hacerlo bien. Pintores de inmenso talento de

Vermeer o Ingres, cuando representan los dientes de una joven lo hacen tímidamente, dejando apenas observarlos tras unos labios entreabiertos. Hasta que hacia el final del siglo XIX y principios del XX se abandona la pasión por el detalle y se empieza a pintar de manera más esquemática. A partir de los impresionistas podemos ya ver sonrisas francas en los cuadros, pero su representación ya no es realista, sino que se reduce a una mancha blanca entre los labios. Este tratamiento se observa también en el mundo de los cómics.

Sonrisa de los comics

La imitación correcta del aspecto de un diente es, pues, un reto que ofrece notables dificultades, y ese reto es el que ha tenido que afrontar el arte dental en las últimas décadas. Durante casi toda su historia, la odontología se ha dedicado en exclusiva a remediar el dolor bucal, y ello se ha hecho recurriendo sistemáticamente a la mutilación. Cuando un diente dolía se extraía, no había más.

Ante el dolor, la importancia estética pasa a un segundo término, pero no ha sido del todo ignorada. Al fin y al cabo, la ausencia de dientes se ha asociado siempre con la ancianidad, y parecer viejo nunca le ha gustado a nadie.

En el quehacer dental como en el arte, el problema ha sido siempre conseguir que un diente artificial se parezca a un diente natural pero además que no se deteriore en boca.

Hoy en día podemos decir que estamos en condiciones de superar a los grandes maestros de la pintura. El buen hacer de los fabricantes de productos dentales, que han conseguido cerámicas y composites de naturalidad irreprochable. Y menos mal porque ha llegado un momento en que la estética preside la demanda.

NO HAY NADA MÁS SATISFACTORIO QUE UNA SONRISA.

¡ATRÉVETE A SONREIR!

atrevete a sonreir

Dra. Lola Terrés Puebla

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